Viajera 2.0 : La tecnología, mi acompañante en Grecia (II)

Como les platicaba en mi entrada anterior: La tecnología, mi compañera de viaje me había ayudado a planear mi aventura y a cruzar el Atlántico por tercera vez. Ella me había mostrado, gracias a la magia de internet, a la Grecia virtual; luego de más de 15 horas de vuelo era momento de verla con mis propios ojos, ¿qué tanto podría hacer por mí en tierras helénicas? ¿Me ayudaría o me distraería?

Llegando a Atenas no logré encontrar un WiFi gratis y estable, no quería pagar las altas cuotas de internet de mi compañía telefónica, efectivamente Atenas también era territorio… compatible digamos, y envié un arcaico SMS a mi familia para avisarles que había logrado cruzar “el charco” exitosamente (7.70 pesos con roaming internacional).

Parte de nuestro viaje lo haríamos a bordo de unas camionetas de renta, nuestra guía, Georgina, una querida amiga inglesa que había visitado Grecia en varias ocasiones, nos dijo que debíamos darle un nombre apropiado al GPS para que nos diera suerte; luego de pensarlo nos dispusimos a seguir las indicaciones de “Adonis”.

Después de media hora, varios “Turn to the left” de Adonis y varios gritos de Georgina diciendo “You are wrong Adonis, It is not that way!” aceptamos que estábamos perdidos (como todo buen hombre Adonis no quería pedir indicaciones o quizá no le había gustado su nombre). Logramos llegar a nuestro hotel pidiendo ayuda entre griego, inglés y español a unos policías.

Los días siguientes sólo puedo describirlos como ¡olímpicos! Grecia es más encantadora en persona que como se veía en internet; caminar por sus calles, comer su comida, hablar con su gente, deslumbrase con sus sitios arqueológicos, sus playas, sus montañas y su cultura es algo que ni los videos, ni las fotografías podrán replicar (aun así tome cientos de ellas por supuesto).

La tecnología era siempre nuestra acompañante silenciosa; todas las noches, mis compañeros de viaje y yo teníamos una cita con ella; nos conectábamos al WiFi del hotel para hablar con nuestros seres queridos al otro lado del mundo y compartir en nuestras redes sociales lo que nuestros ojos veían. De día caminábamos y nos admirábamos, de noche “facebukeabamos” y “whatsapeabamos”.

“Le enseñé tus fotos en el Partenón a tu abuelita, le encantaron” – me decía mi mamá por el WhatsApp; y ella me regresaba fotos de mi sobrino Bruno al que ya le quedaba su traje de Tiger. Sin importar las siete horas de diferencia “mi amiga tecnología” se encargaba de mantenernos en contacto todo el tiempo.

Mi cámara nueva fue un éxito, la conexión al WiFi me facilitaba compartir fotos en redes sociales, tenía unos filtros y un zoom óptico geniales; aunque me da pena admitir que nunca entendí como hacer las fotos panorámicas, que terminé tomando con mi iPhone, las islas y las playas griegas lo ameritaban.

Los últimos días del viaje cuando mis compañeros borraban fotos de las memorias llenas, yo me jacté de ser precavida, llevar una SD de 64 GB y de tener el espacio extra en la nube patrocinado por la marca de mi cámara a cambio de unirme a su club de fotografía.

A lo largo de mis días en Grecia la tecnología fue siempre mi acompañante y la de todos los demás turistas. Aprendí que a veces no es de fiar, cuando le pregunté a nuestra guía ateniense sobre el “Kombolói”, según internet un muy popular juguete tradicional, y ella me dijo que en realidad no era tan importante; o cuando “Adonis” nos perdió por 5ta vez.

Vi como a veces nos sobrepasa, cuando los selfie stick inundaban las zonas arqueológicas y la gente miraba los maravillosos paisajes y las ruinas milenarias a través de sus pantallas, incluso vi a un japonés con una cámara pegada a su cabeza y varios Google Glass. Con todo y mis mapas pre cargados de Google no podía ubicarme en Atenas, así deje de controlar y me perdí entre sus calles, ¿saben qué?… no pasó nada.

Le agradecí, cuando una llamada por Skype tranquilizó a una compañera preocupada por su hija en México; cuando mientras esperaba mi vuelo de conexión en Madrid, con mis 30 minutos gratis de WiFi del aeropuerto pude contratar que el taxi me recogiera a las 5:00 am en México; y cuando pude escuchar el balbuceo de mi sobrino hasta el otro lado del Atlántico.

El fin de semana pasado me reuní con mis compañeros de viaje para intercambiar fotos, nos pusimos de acuerdo por el grupo de WhatsApp qué llevaría cada quien, quemé algunos CD para los baby boomers (una de ellas nos regaló algunas fotos que imprimió) yo llevé mi tablet y copié fotos de las USB de mis amigos; al resto de los millennials les enviaré la liga por We transfer.

La tecnología es una compañera de viaje (y de vida) maravillosa, pero a veces celosa y distractora. Si no te cuidas puedes perderte de las nubes fundirse con el Monte Parnaso por estar buscando una WiFi libre; sin embargo, será una buena compañera para 24 horas de viaje de regreso y dos vuelos de conexión, si tu Kindle esta cargado y llevas suficiente música en tu iPhone.

Que la tecnología nos facilite llegar y nos acompañe al fin del mundo, pero que no nos distraiga de disfrutar humanamente en cuerpo y alma del mundo.

PD: Una dedicatoria especial para el pueblo Griego, amables, intensos, felices; son la cuna de la civilización, la filosofía y la democracia, sin ellos muchas cosas serían diferentes, han pasado por incendios, invasiones y malos ratos pero la sangre de los Dioses Olímpicos vive en ellos. Saldrán airosos como siempre, mi mente y corazón está con ellos. Muchas gracias por todo , ‘Efharisto’ poli’.

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4 comentarios

  1. AvatarAdrianet86

    Excelente tu post!! XD

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    1. adminadmin

      Gracias por leer a Ursula en el Blog de las Ideas. ¡Saludos!

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  2. AvatarSiPhabi

    Genial! Me encantan tus travesías Ursula… Adiós mapas, yo he comprobado que, a veces cuando te pierdes; te encuentras…

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    1. adminadmin

      Gracias por leer a Ursula en el Blog de las Ideas, es una aventurera única. Saludos.

      Responder

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