Un día sin internet

Niños… niños pequeños jugando en las calles, el balón rodó y las risas se hicieron notar, gritos de madres desesperadas por qué sus hijos no están dispuestos a entrar a hacer la tarea. Juegos de niños, juegos de inocencia, miradas inocentes y sinceras.

Calles llenas de amor, amor de jóvenes, amor loco, amor de hormonas que los lleva a besos de pasión, miradas locas, parejas recorriendo una calle tras otra, de la mano, del corazón colgados, llenos de ilusión y rotando. Amor en las calles, amor ilusionado, amor de ese que tanto añoramos.

Copas que chocan y miradas que se sonrojan, conversaciones bastas que atraen el interés de los oídos receptores, hombres y mujeres compartiendo una copa de vino, creando lo que puede ser una vida y abrigo; un futuro a la orilla de una nueva ironía, que no tiene sentido pero llamamos compañía. Copas de vino chocando, haciendo el sonido de un futuro cercano.

Piezas de ajedrez en tableros de madera, rústico sonido de caballos y torres, que poco a poco entretienen las horas de algunos señores, mientras la abuelita consiente a la niña que recién llega de jugar a la cocina, mientras le prepara su agüita de sandía; viejitos arrugados que dan su cariño en un fuerte y basto abrazo. Piezas de ajedrez entre padre e hijo, piezas de ajedrez de recuerdos compartidos.

La comunicación antigua comparada con los alcances de la actualidad se queda corta, se termina… La modernidad es impresionante; sus inventos han llenado espacios tan grandes como la infinidad: la proliferación de medicamentos y avances de la ciencia, la información e investigación al alcance de todos, las empresas y su crecimiento, la revolución del entretenimiento, la comunicación instantánea, el mundo de la tecnología y sus grandes promesas… tanto por avanzar, aún por conocer, tanto por decir y aún así, seguimos en la búsqueda del equilibrio entre el sujeto y el gadget…

 

El mundo se vuelve el tapete de juegos de la civilización arraigada, un mundo que no apaga sus luces porque es feliz de vernos jugando, nos abraza y nos recuerda las maravillas que nos presta, una cascada, un atardecer de mil colores, junto con sus estrellas llenado el cielo de puntos y emociones; y nos perdemos la mayoría de las sensaciones.

Niños pequeños jugando en las calles; calles que se llenan de amor de jóvenes… adultos que consuman el plan con copas de vino, que chocan en un juego de ajedrez entre padre e hijo… El mundo se vuelve un tapete de juegos, una memoria inolvidable, una que solo podemos disfrutar, si apagamos el celular un momento y lo miramos a detalle.

La tecnología está ahí para aprovecharla, no para que se aproveche de nosotros.

 

Sólo tenemos una vida, sólo un momento, no lo pierdas en un portal de Facebook”  

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