Tan cerca y tan lejos: la tecnología en nuestras vidas

Teníamos un mundo romántico donde las personas salían a los cafés y a las reuniones a conocerse. Mirar a los ojos, tocar a la puerta del otro o quedarse de ver en la esquina como segundo encuentro.

También teníamos un mundo donde un dolor de muela nos podía matar, una carta atorada en el buzón podía nunca llegar y el explorar otro continente era un sueño empolvado en una postal.

Podemos tener una relación amor odio con ella, es un medio que pone todo a nuestra disposición y sin embargo nunca nos terminará de llenar: la tecnología. Ésta, cambió nuestros ritmos de vida y la llenó de comodidades inmediatas a cambio de poseer nuestros placeres más trascendentes.

Vivimos una revolución donde las marchas se hacen virales con shares y likes; nos besamos con emoticons y tenemos foreplays en mensajes de texto. Podemos comunicar lo que pensamos más rápido, pero en muchos casos queda la incógnita de si lo que sentimos fue transmitido. Y si a pesar de tener banda ancha ilimitada, nuestras mentes están en conexión con la del otro.

No se tocará este tema como publicista, creativo ni dueño de un negocio. Es obvio que para el modelo económico y para el marketing existen mayores pros que contras. Hablemos como seres humanos, como personas que antes de dormir les ilumina la luz de una pantalla y que viven a diario la transición hacia un mundo futurista, esto sino llega primero el armageddon. Vivimos suspendidos contradiciéndonos porque nuestra parte humana no siempre piensa igual que la progresiva. No se puede afirmar que pasamos tiempos difíciles ni tampoco los mejores. En cualquier época ha existido el reto de vivir y poder disfrutar.

Y aunque más nos conectamos más no alejamos, tal vez podamos tomar esta situación a nuestro favor si sabemos ser selectivos y críticos. Encontrar lo auténtico en una ciudad de plástico y fibra óptica, podría ser una nueva aventura cuando al parecer ya todo fue descubierto y el misterio es escaso. Sería divertido proponernos ir por debajo de los cables e ir en busca del origen. El objetivo: una desobediencia civil inteligente que no va en contra del sistema tecnológico, sino que lo usa, lo explota y con ello rescata a los humanos que quedan viviendo entre los robots que logró convencer el falso progreso.

Esto no es ciencia ficción, es pura imaginación de un día común que añora que su computadora solo sirva para enviar un correo, pero que quede a un lado cuando se trate de mantener una conversación.
Y de aquí podemos desprender un poco de esta fantasía de cómo disfrutar las herramientas de nuestra era sin dejar que nos controle en aspectos básicos de nuestra vida. La tecnología no es el problema, sino cómo la usamos. La educación no es progreso si sólo hay conocimiento y no sentido común; el dinero no da la clase, y que sepas usar una touch screen no significa que sepas tocar a una mujer, hombre, perro. Tal vez muchos no estén de acuerdo de liberarse de la tecnología, escuchan más a sus audífonos que a lo que traen dentro.

Estos consejos son en caso de que prefieras usar tu dinero en unas vacaciones soñadas y no en el terapeuta porque no logras conectar con los demás o tu relación de pareja está en crisis. De que quieras recuperar tu privacidad y no padecer ansiedad social porque todo se sabe de ti. De que pases el día jugando futbol o en un spa, en lugar de un quiropráctico por mala postura en el escritorio. De que tengas una vida. A veces es difícil ir en contra de lo que la mayoría establece por miedo a no encajar, perder el trabajo o quedarse rezagado en un mundo que se contrae. Sin embargo, a eso venimos y no podemos sacrificarlo por aquellos que lo olvidaron.

Imagen: Pinterest.

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