Lucha de titanes: “Impulso creativo” V.S “La venta del año”

“La gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero jamás olvidará lo que le hiciste sentir.” –Maya Angelou- 

Storytelling, una palabra anglosajona que ya se ha vuelto parte del día a día de muchas personas, y aunque literalmente significa “contar una historia”, este término esconde todo un mundo de trasfondo en sus doce letras.

¿Por qué escribimos?

Si bien la escritura data del año 3,000 a.C, nuestra especie lleva unos 40,000 años contando historias, desde aquellos tiempos remotos en que dibujaba sobre los muros pinturas rupestres para plasmar la vida de aquel entonces; son un vestigio histórico de esa época que prevalece hasta nuestros días y que sin duda sienta un precedente: el humano desde siempre ha tenido esa imperiosa necesidad de comunicar.

La expresión del sentir nos ha sido inherente desde tiempos remotos y ha ido en constante evolución hasta convertirse en lo que es hoy en día. Ahora bien, tomando como premisa este punto, dicha transformación se ha dado en consecuencia de las necesidades de constante cambio que tiene la sociedad. En esta ocasión definimos dos que dan al arte de la pluma sentidos muy distintos: por un lado la escritura creativa y por el otro el marketing.

Las historias como necesidad humana

Quizá el sueño de todo artista de la pluma es publicar una obra y vender millones de copias, pero en el momento en que uno se convierte en un autor best seller, su nombre pasa a ser una marca a la cual se le aplican estrategias de venta, pues el propósito pasa a ser generar dinero; en este punto la premisa es mucho más sencilla: se escribe porque se quiere comunicar, por el simple hecho de que nuestra especie es social y necesita ser escuchada.

Cuando una persona desarrolla una buena capacidad de abstracción, tiene habilidades lingüísticas, buena narrativa y entiende la importancia de la retórica, entonces puede encontrar en la escritura la forma de satisfacer esa necesidad de expresión que ya mencionamos, puede compartirla con otros y volver de su sentir y pensar todo un arte con mucho ingenio y sensibilidad, y esto no implica una monetización ni una marca a la cual favorecer con una historia creativa, simplemente se cuenta porque es parte importante del “yo”.

Las historias como una estrategia de marca

Es muy claro que cuando una historia está bien escrita, puede tocar fibras sensibles en el lector que le harán reaccionar de diversas maneras, este es el punto que el marketing reconoció y supo explotar para sus diversos propósitos: grabar en el público la esencia de la marca, asociarla con un determinado sentimiento o acción positiva, posicionarla entre los consumidores provocando cierto impacto.

El fin de todo esto es vender y si una historia logra explotar todo el potencial de un producto o servicio, esta estrategia puede dar asombrosos resultados. Para lograrlo se deben tomar en cuenta múltiples factores y uno de los más importantes es el insight del producto entre su público objetivo.“Detrás de cada campaña publicitaria, existen tantas historias como consumidores tenga la marca”. La experiencia del cliente con el producto, lo que opine de él, los sentimientos con los que lo relacione y su índice de aprobación, son lo que nos va a dar esa esencia para crear historias magníficas que le incite al público a comprar, que le motive, que le haga sentir y vivir a través de esas palabras lo que queremos transmitir sobre la marca. Si sabemos lo que el cliente opina de lo que vendemos, es mucho más sencillo contarle una historia que le genere empatía

Aunque en esencia el storytelling sigue siendo lo mismo en ambos aspectos, el propósito con que se haga cambia completamente su sentido, dirección y estrategia. Una historia que nace del mero impulso creativo y espíritu dispuesto a la expresión artística, siempre irá cargado de uno mismo, de lo que piensa y vive y siente, ese texto no nos pide que hagamos nada pues lo que hace en sí es decir y ya.

Por otro lado, el storytelling enfocado a marketing siempre va a tener como fin último la venta, que el consumidor salga y compre lo que sea que la marca le promete en esas historias cargadas de sensibilidad que sin duda requieren un gran empeño creativo y una estrategia calculada. De cualquier forma, sea por vender o por ser leídos, un storytelling siempre lleva un pedazo de nuestro corazón escondido entre sus palabras.

 

 

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