La deformación del lenguaje en plena era digital

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.” -Ludwing Wittgenstein.

Son muy claros hoy en día todos los cambios que nos ha traído la era digital, no solo tecnológicamente hablando, sino también en el habla misma. Gracias a que ahora contamos con posibilidades infinitas para comunicarnos con el resto del mundo, que antes hubiesen sido inimaginables, también hemos sometido nuestra lengua a una deformación considerable que, pese a ser bastante útil para muchas personas, ya alerta a muchos otros que son expertos estudiosos de ella.

Este nuevo lenguaje se compone de una serie de palabras de origen y raíz anglosajona que han surgido de la utilización de las redes sociales y herramientas tecnológicas, el cual es cada vez más frecuente usar en el día a día. Palabras como “tuitear”, “feisbukear” o “googlear”, son términos que ahora escuchamos con naturalidad y que hemos adoptado como parte de nuestro lenguaje, así como las abreviaciones de palabras como “que” o “por”, o frases como “ntp” (no te preocupes), o “ntc” (no te creas).

¿Realmente estamos deformando el lenguaje?

Nos encontramos con dos opiniones importantes y profundamente opuestas; hay expertos que afirman que nuestra lengua está siendo deformada al grado de que se está perdiendo el interés, respeto e importancia por la preservación de la misma; otros menos conservadores declaran que el español no es una lengua muerta y por ello cambia y se adapta constantemente al contexto, las épocas y las necesidades que los avances tecnológicos traen consigo.

Marshall McLuhan, uno de los padres de la comunicación, afirmaba que la nueva interdependencia electrónica reconstruye al mundo en la imagen de una aldea global. Tal pareciera que este profesor canadiense podía ver el futuro de la humanidad, pues logró hablar muy atinadamente de todos los cambios que ha traído consigo la evolución de las TICs. Expone en su libro “La galaxia de Gutenberg”, cómo la humanidad podría interconectarse con ayuda de la tecnología que facilitaría la transmisión de mensajes, pero que también correría el riesgo de enfrascarse poco a poco en este mundo paralelo y con ello el propósito de la comunicación efectiva se perdería. No hay puntos discutibles, el Nostradamus de la comunicación nos propone dos posturas que se contraponen por completo.

Tomando como premisa que el avance de la tecnología significa progreso pero que también implica aislamiento social, sin duda estamos en un aprieto; no podemos decir que el mundo es más sano ahora que hace cincuenta años, pero tampoco es plausible sentenciar que la tecnología nos está dañando como sociedad pues no es un proceso que se pueda detener. Es un mal necesario.

Hacia la evolución

Analizando las cosas a profundidad y situándonos en el contexto de desarrollo de todas las perspectivas, podemos hablar de años e incluso generaciones de diferencia que perciben la evolución tecnológica de diferente manera. Las personas parte de la generación “X” o anteriores, no crecieron con el avance tecnológico insospechado que estamos viviendo actualmente; la generación “millenial”, ha crecido con ese “chip integrado” que todos los adultos dicen que tienen los jóvenes. Unos se resisten al cambio, los otros lo aceptan y lo integran a su vida.

Darwin definió la evolución de las especies en más de un sentido; su famosa frase “adaptarse o morir” nos da una postura que aclara un poco el panorama. Es muy sencillo hablar de una deformación o, siendo más extremos aun, mutilación de la lengua cuando no se está acostumbrado a vivir tantos cambios en una sola era. Sin embargo se debe entender que todos éstos surgen a partir de la llegada de nuevas tecnologías digitales que actualmente hacen presencia total en nuestras vidas, y que provocan esa necesidad de tener un código nuevo que se adapte a una invasión digital en la vida cotidiana.

Por otro lado, es justo decir que la introducción de todas estas palabras no solo implica un nuevo código que abre nuevos mundos, sino también una exclusión de un grupo de personas que no logran entenderlo y adoptarlo. De esta manera podríamos decir que sí, en efecto, se rompe el esquema de la comunicación y por ende, su fin último: transmitir información. Entonces nos encontramos en una paradoja de nuevo, ambas posturas tienen justificación, ambas tienen una parte de verdad, pero ¿cuál es entonces la verdadera?

Como estudiante de ciencias de la comunicación y conocedora de ciertos antecedentes marcados por autores que sentaron bases ideológicas fuertes para nuestra comprensión del lenguaje como tal, puedo decir que, en efecto, el español está sufriendo alteraciones importantes en su semántica, pero éstas no significan precisamente una deformación, son más bien la encarnación de nuevas necesidades que la era tecnológica trae consigo. Tomemos como ejemplo la palabra “chatear”, un  anglicismo directamente relacionado con la tecnología, ¿qué pasó con este término? Se aceptó como una palabra más del idioma y hoy día todo mundo la usa en su vocabulario.

Me atrevo a decir que no estamos deformando nuestro lenguaje, él está creciendo con nosotros. Está comprobado que el español es el segundo idioma con más presencia en redes sociales, esto significa que millones de personas de nuestra habla hispana se comunican por estos medios y el cambio es inevitable.

La lengua tiene que crecer, progresar y adaptarse a lo que necesitamos con base en lo que vamos desarrollando día a día y no al revés. Quizás sonaré revolucionaria, pero entiendo que hay cosas que deben tomar otro rumbo para poder ser utilizadas en su totalidad. Sé que habrá personas que estén en desacuerdo y que sin duda esta lucha por defender el idioma continuará un tiempo.

Pero como diría Galileo, “y sin embargo, se mueve”.

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