Apps de citas, ¿encontraré el amor?

Tengo que confesar que no soy una experta en relaciones; en este momento me encuentro descubriendo cómo funciona el coqueteo “moderno” y sospecho que nunca lo entenderé. Si hablar en persona con alguien que me gusta y tratar de agradarle ya lo considero una misión de riesgo, hacer lo mismo virtualmente me parece más complicado.

El principal problema que encuentro es el limitarte a lo visual; alguien puede juzgarte simplemente por tu foto de perfil, y no digo que las relaciones no se basen en la atracción física, pero para mí va más allá de lo “guapo” que pueda parecer un hombre. Otra cosa es el hecho de tener tanto éxito platicando con alguien, que ese alguien me invite a salir; siempre existe la opción de que sea un perfil falso y sea un delincuente o algo así.

Me hubiera gustado titular esta entrada como “5 razones por las que no creo en las apps de citas”, pero quería tener la mente abierta desde un inicio y darles una oportunidad. Para mi experimento decidí hacer un perfil femenino y otro masculino en Tinder y OkCupid.

Tinder: La prueba

En mi perfil femenino de Tinder me encontré con un patrón de frases parecido a esto: “Hola Linda, ¿pásame tu whats y platicamos? En verdad no entiendo por qué piden hablar en un medio que implica proporcionar tu número de teléfono, para eso está la app ¿o no?

Además luché contra mis principios y me basé únicamente en lo que vi, lo que resultó en pasar una hora dándole swipe left a decenas de fotos hasta encontrar a alguien decente. Pasé fotos de hombres con sus novias (¿es en serio?), fotos grupales que ponen a prueba mi sexto sentido para adivinar quién es el del perfil, o imágenes de personajes animados y closeups sospechosos.

Le pregunté a un amigo qué opinaba de esta aplicación, “Está padre, haces match, platicas casual y quedas te verte en persona. Después todo depende de cómo muevas tus cartas. Lo difícil es pasar de platicar por mensaje y que se dé un encuentro”. Dejo a su libre interpretación lo de encuentro. Decepcionada por lo que la mayoría de las personas busca obtener en Tinder decidí seguir con la siguiente app.

OkCupid, mi momento Catfish

MTV popularizó mediante un reality show el término catfish. Un “pez gato” es aquella persona que crea perfiles personales falsos en redes sociales, y pretende ser alguien diferente mediante el uso de fotos e información de otras personas. Su intención es engañar a una o varias personas para que se enamoren de ellos o compartan información sensible. Vi alguno que otro episodio, pero jamás me imaginé vivir un caso real.

Todo comenzó cuando desde mi perfil masculino, una chica a la que llamaré “María”, me escribió. Revisé su perfil y vi que era fotógrafa y hasta incluía una liga a su portafolio online. En su portafolio también había un ícono de Facebook; le di clic y me llevó a un perfil que parecía muy real, ¡Hasta teníamos un amigo en común! Había  publicaciones recientes y selfies de hace algunas semanas y otras fotos con amigos.

Platiqué con ella y casi instantáneamente me escribió su número de celular y me pidió que la agregara a Whatsapp; le contesté que no estaba “interesado” en hablar por Whatsapp, ella me mandó una selfie: “Mira me la acabo de tomar para ti”, agrégame y te mando más. Era la misma que había publicado en su biografía hace algunas semanas.

Fue tan insistente y sospechosa su actitud que le quitó la diversión a mi experimento. La bloquee, pero guardé el número en mi celular decidida a preguntarle a nuestro amigo en común de dónde la conocía.

Olvidé mi aventura por OKCupid hasta semanas después. Mientras revisaba mis contactos reconocí el nombre María, pero en la foto de perfil había un tipo con barba y una cerveza en la mano… se me hacía conocido. Busqué en mi historial y al comparar la foto de Whatsapp con una del Facebook de María me di cuenta que el tipo que veía en mi celular era su mejor amigo.

¿Qué demonios significaba esto? Contacté a nuestro amigo en común de Facebook y me confirmó que el número que yo tenía no era el de María. ¿Entonces su “mejor amigo” se estaba haciendo pasar por ella y compartía su información y fotos con extraños? Digo, yo también me hice pasar por  un amigo para escribir esto, pero al menos le pedí permiso. Me dieron nauseas del coraje.

Tal vez por miedo o vergüenza no contacté a María para decirle lo que había descubierto, y me siento un poco culpable de que tal vez este tipo siga aprovechándose y engañando a otras personas por ahí. ¿O tal vez los dos lo hacían juntos por diversión?, ya no se sabe en estos tiempos.

Un usuario en Tinder me preguntó “¿tú crees que de verdad la gente encuentre el amor aquí?”, enseguida pensé: ¡AMIGO! ¡No hubieras preguntado! Decidí contener mi respuesta filosófica, llena de razones por las cuales estas cosas no funcionan y de como él solo era parte un experimento para el Blog de las Ideas. Me limité a contestar “no lo sé, creo que hay de todo en internet”

No, no encontré el amor, pero en su lugar pude explorar la manera en que interactúan las personas en estas plataformas y el riesgo que implica conocer a extraños por internet. Sin duda una experiencia que jamás olvidaré.

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