Dime cómo escribes y te diré quién eres

Dicen que zapatero a tus zapatos. Pero la escritura es un tema que no exenta a ninguna profesión, puesto o jerarquía. En la era de la información y del conocimiento  es impensable considerar que cualquier profesionista ignore las reglas básicas de escritura. Sea un abogado, ingeniero, contador o diseñador, la escritura siempre estará presente; desde un correo electrónico, hasta un informe. Es una constante en las organizaciones y ningún corrector de texto (que no son perfectos) salva ni al propio Presidente.

Las redes sociales no perdonan y cada cosa que escribas está sujeta del escrutinio público. Si decides entrar al mundo digital, tu empresa y tu nombre, jamás estarán en el anonimato; el tamaño de tus errores será proporcional al número de tus seguidores. Los peligros de la red no sólo radican en temas cibernéticos, también en ortográficos que impactan tu imagen y reputación.

En otras ocasiones hemos hablado del blog y de cómo éste forma parte del llamado mundo del los contenidos. Ya sea que estén dirigidos a clientes, prospectos, empleados, socios o medios, la información hoy en día  juega un papel fundamental siempre y cuando estén escritos correctamente, en el tono adecuado y sean comunicados por el canal más eficaz.

Revisemos un ejemplo. Si bien el director de una empresa no escribe el comunicado para los empleados, sí lo firma. Quizá no tenga una maestría en letras pero debe de contar con el conocimiento suficiente para autorizar el documento en cuestión no sólo en forma sino también en fondo. ¿Realmente estoy enviando el mensaje correcto? ¿Es lo que la organización busca comunicar? La escritura no respeta jerarquías.

Recordemos que una coma puede ser la diferencia para emitir un mensaje opuesto a lo que se busca comunicar; en este caso puede ser la solución:

Vamos a perder, poco se resolvió.

Vamos a perder poco, se resolvió.

 

Autor material o autor intelectual

No todo lo que se escribe es autoría de a quien se atribuya un texto, desde un tweet, un discurso, un blog, hasta un artículo o reporte. Insisto, zapatero a tus zapatos, pero si  hay un error, tanta culpa tiene el autor material como intelectual. Para el público eso es lo de menos y lo de más es la reputación que queda en entredicho.

1.- Si eres el autor material

La escritura debe ser tu área de especialidad para hacer  cualquier trabajo que requiera de ésta como base. Periodismo, relaciones públicas, marketing y comunicación organizacional que a su vez abarcan nuevos puestos de la era digital como bloggers, creadores de contenidos o community manager. La forma, el fondo y el canal deben ser tu especialidad para cumplir tu objetivo: comunicar a través de las palabras. Fundamental tener excelente ortografía y redacción.

2.- Si eres el autor intelectual

Por atender otro tipo de obligaciones como manejar una empresa, por ejemplo, tu no eres el autor material de toda la información que se genera de la organización. Por ello, debes asegurarte de tener al mejor equipo calificado para hacer y supervisar dicha labor. La información es poder y quizá se esté demeritando al no involucrarse en este rubro. Ser autor intelectual implica la ardua tarea de brindar las directrices de comunicación, delegar y determinar cuándo es conveniente intervenir.

Autor material o intelectual, la escritura habla de quién eres. ¿Ya revisaste cómo escribes?

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