Construyendo la historia de la creatividad

Inspirado en el documental Origins: Building the Future

¿Te has preguntado cómo es que nuestra creatividad ha ido aumentando y evolucionando con el paso de los años?, ¿cómo pasamos de afilar lanzas a tener un smartphone en las manos? La respuesta podría estar en el edificio o casa en la que vives.

De nómadas a sedentarios, de sedentarios a sociedad

En la prehistoria, cuando los humanos aún eran nómadas, era común que  se movieran de un lado a otro y construyeran refugios temporales para mantenerse a salvo.

Una vez que los refugios se hicieron más fuertes, las personas se quedaron en un solo lugar y se transformaron en sedentarios, lo que dio pie al nacimiento de la sociedad. Las reuniones alrededor del fuego ya no solo protegían, creaban un sentido de pertenencia y comunidad.

El único problema con estos nuevos espacios era que tenían que compartirse. El fuego era la principal necesidad y la única solución para que todos los habitantes se mantuvieran calientes era que todos vivieran en una sola habitación con una fogata en el medio.  Existir “uno encima del otro” no daba pie a la privacidad; era un colectivo pensante y no personas con ideas propias. Había una sociedad, pero no individualidad.

Privacidad y creatividad, la fórmula del mundo moderno

No fue sino hasta la Edad Media, que se inventaron las chimeneas, que se empezaron a construir edificios de varias plantas. Esta nueva pieza arquitectónica consistía en un conducto pegado a la pared que permitió la salida de humo de las estancias. Ahora no era necesario estar juntos en un cuarto para no morir de frío, así surgieron las habitaciones propias.

Que las personas tuvieran un cuarto para sí mismas les permitió comenzar a soñar y a pensar en tranquilidad. La nueva arquitectura vio nacer a la privacidad y a la creatividad potenciada.

Si bien es cierto que ya éramos creativos, y que el trabajo en equipo significa productividad, la introspección también proporcionó algo imposible de conseguir en multitud: la libertad de pensar y de imaginar sin ser juzgados. Muchos pensadores, filósofos y científicos, como Platón en la antigua Grecia, se metieron en muchos problemas al externar sus ideas con el público. Se les tachó de locos, hechiceros o enviados del mal.

Gracias a esta nueva manera de vivir se inventaron máquinas que hicieron más fáciles nuestras tareas. Así, mujeres victorianas como Jane Austen pudieron escribir entrañables historias como Orgullo y Prejuicio. Surgieron los laboratorios donde se buscó la cura para las enfermedades que eran mortales hasta ese entonces como la viruela. Se le dio un nuevo orden al mundo de las ideas y del conocimiento. Piensa que Newton no solo contempló la manzana caer, llegó a su habitación y analizó el término de gravedad y en sus implicaciones en el universo.

¿No te ha pasado que para concentrarte en una lectura mejor te vas a tu cuarto?, ¿quisieras escribir tu reporte alejado de toda la oficina? A veces las mejores ideas surgen en privado, y las paredes que nos rodean son las responsables de los locos o geniales resultados de nuestra cabeza.

Una serie de coincidencias arquitectónicas nos hizo más creativos, nos previó de un espacio para analizar y pensar, para crear el mundo moderno que conocemos. Estoy segura que la próxima vez que abras la puerta de tu casa no la verás de la misma manera y te sentirás más inspirado de crear algo nuevo.

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